Soy un romántico


          Soy un romántico. Sí, en los días que corren y más dentro de la raza de "machotes ultra-viriles" que dominan el sexo masculino, es algo atípico referirse a uno como romántico sin ser un poeta del siglo XXI, o un escritor cursi como Federico Moccia.
Pero lo soy. Y muy orgulloso de serlo.

Considero que el amor es un sentimiento muy fuerte. Y que vale, sí, hace que tu vida protagonice momentos de angustia, melancolía, tristeza y decepción. De lloreras varias, peleas y depresión. Pero soy optimista. Me gusta serlo. La vida es una mierda como tal. El mundo en sí nos da ya varios motivos para que andemos cabizbajos, así que intento arrancarle el lado bueno de las cosas. A veces es imposible, pero en serio que intento restarle importancia a los hechos negativos que sucedan y ver más allá. Ver que detrás de esa nube gris, se esconde un sol. Y así me pasa también con el amor.

Todos hemos sufrido por alguien que queríamos hacer felices. Ya sea porque no nos quiso, o porque decidió terminar y nosotros no queríamos, etc. Entonces podemos tomar dos alternativas. La fácil, la de los cobardes. Ese camino es el de no confiar más en nadie. Renegar de la posibilidad de encontrar alguien con quien envolverse en una profunda relación. Creer que siempre será así. No arriesgar. Opino que este camino también es tomado por personas que no han tenido la posibilidad de tener un noviazgo más o menos placentero o estable. Ellos solo juzgan lo que conocen, y en este caso, todo o la inmensa mayoría es ruin.

Pero en la otra mano está mi caso. Mi manera de ver las cosas. Y es que yo todavía sigo creyendo en el amor, en el romanticismo. No de la manera en que lo verían Romeo y Julieta, pero sí algo más real, como Glen Hassard y Marketa Irglova en Once o Jim y Pam en The Office (si no pongo alguna referencia seriéfila, no soy yo).

Estoy seguro de que todos somos muchos más cariñosos, sentimentales y ñoñosos de lo que nos gusta admitir. Estoy seguro de que en el fondo, nos gustaría vivir en un mundo algo más colorido, más azucarado, para sacar más esta faceta. O no, igual hay personas que no. Que realmente no les gusta el amor. Que lo han probado en buen estado y aún así lo vomitaron.
Pero como soy un romántico, me niego a creerlo.


Buenro, peñuski!

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2 comentarios:

Viviendo utopías dijo...

¿Vale la pena arriesgarse a amar cuándo quizás puedas resultar dañado?
Rotundamente sí.
Quizás tu corazón sufra, quizás descubras que podías derramar más lágrimas de las que imaginabas tener, quizás sientas que esa nube gris se niega a alejarse, quizás…
Pero
Quizás tu corazón sea más dichoso de lo que nunca fue capaz, quizás necesite de tu sonrisa para sonreír, quizás en lo primero que piensa nada más abrir los ojos es en ti, quizás eres su último pensamiento antes de visitar a Morfeo…
Cuando el amor toca a tu puerta no llega solo, y en ocasiones descubres sentimientos que nunca pensaste poseer. Puede que ahí radique la “magia” del amor, no lo sé.

He cometido locuras por amor, no me he arrepentido de ninguna de ellas. Amo y lo hago con intensidad. La vida es demasiado corta para cuestionarse sentimientos, prefiero ser decepcionada a perderme algo maravilloso.

Un besito romántico ;)

Naar dijo...

Hum... me veo a medio camino entre los dos casos que cuentas. puede que sea que te llevo diez años de decepciones, hostias y caídas a profundos hoyos. Pero sí, creo en el amor. Creo que existe, creo que puede hacernos felices. Creo. Sólo que me ando con mucho ojo. Pero claro que creo. Y espero seguir creyendo hasta el fin de los días. :)
Un beso!

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